Caso clínico: Recuperar el movimiento durante el embarazo

Hay situaciones en las que recuperar un movimiento tan sencillo como girar al caminar puede suponer un cambio enorme en la vida diaria. Este es el caso de una paciente embarazada de 35 semanas que llegó a nuestra consulta con una limitación muy importante de su movilidad.

Una limitación que condicionaba su día a día

Cuando vino a verme, le resultaba imposible realizar giros mientras caminaba. La limitación era tan grande que su marido tenía que levantarla del suelo y orientarla hacia el lugar al que quería dirigirse.

Además, la paciente se encontraba en la recta final de su embarazo. Estaba de 35 semanas y le quedaban aproximadamente cinco semanas para salir de cuentas.

Durante la elaboración de su historia clínica, observé un dato importante. Había sufrido tres neumotórax, con sus correspondientes cicatrices localizadas en la parte izquierda del cuerpo.

A partir de ahí, planteé un tratamiento dirigido a recuperar progresivamente su movilidad y reducir el dolor. Para ello, tuvimos en cuenta tanto las cicatrices como la forma en la que podían estar influyendo en su movimiento.

Trabajando el movimiento y la neurocoordinación

El tratamiento se centró en diferentes aspectos para acompañar su recuperación de una manera global.

Por un lado, trabajamos sobre las cicatrices, buscando mejorar su movilidad y favorecer una mejor relación entre los tejidos implicados.

También incorporamos ejercicios de neurocoordinación, utilizando PNM (Patrones Neumológicos de Movimiento). El objetivo era ayudar al cuerpo a recuperar patrones de movimiento más funcionales y coordinados.

Además, la paciente estaba en las últimas semanas de embarazo. Por ello, dedicamos parte del tratamiento a su preparación para el parto exprés.

Trabajamos diferentes aspectos relacionados con la movilidad y la respiración, y abordamos la gestión de la incertidumbre y algunas recomendaciones para el posparto.

Todo el proceso se adaptó a las circunstancias particulares de la paciente. También tuvimos en cuenta el poco tiempo que quedaba hasta el momento del parto.

Dos semanas después, volvió a realizar giros

Uno de los momentos más satisfactorios de este proceso llegó apenas dos semanas después de comenzar el tratamiento.

La paciente ya podía realizar giros mientras caminaba. Había recuperado un movimiento que, hasta hacía muy poco tiempo, le resultaba imposible realizar por sí misma.

Finalmente, llegó el momento del parto y pudo tener un parto vaginal. Todo salió bien y el proceso se desarrolló con normalidad.

Un enfoque global para acompañar al cuerpo

Casos como este nos recuerdan la importancia de observar a cada persona de manera individual y de entender la salud teniendo en cuenta diferentes dimensiones de la persona: física, energética, emocional y bioquímica. El cuerpo funciona como un conjunto y cada elemento puede influir en los demás.

Una lesión, una cicatriz o una alteración en el movimiento pueden tener repercusiones que van más allá de la zona en la que se encuentran. Por eso, mi trabajo es observar cómo se relacionan las diferentes partes y sistemas del organismo, y buscar qué estímulos pueden ayudar a favorecer su recuperación.

Para mi es una suerte poder acompañar procesos como este. Nos demuestra que, con los estímulos adecuados, el cuerpo puede recuperar progresivamente su capacidad de movimiento.

Porque recuperar un movimiento no es solo volver a realizar un gesto. En ocasiones, significa recuperar autonomía, confianza y la posibilidad de afrontar una nueva etapa de la vida con mayor seguridad.

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