Te lesionas y te recomiendan reposo absoluto ¿te suena? Las lesiones no se solucionan simplemente dejando de moverse.
En determinados momentos, reducir la actividad puede ser necesario para evitar que una zona irritada empeore, el movimiento para la recuperación de lesiones también es una parte fundamental del proceso. Aunque parar no debería ser el objetivo final de la recuperación. Una vez que el cuerpo está preparado, es importante recuperar progresivamente el movimiento y la función.
¿Por qué es tan importante el movimiento para la recuperación de lesiones?
Porque el cuerpo tiene memoria, se adapta a lo que le va pasando, y debido a esas adaptaciones el esquema corporal y el esquema de movimiento va cambiando, en muchas ocasiones, favoreciendo la lesión.
Nuestro cuerpo puede recuperar el movimiento correcto.
A lo largo de nuestra vida, nuestro cuerpo va creando patrones de movimiento que automatizamos. Es lo que podemos entender como una especie de memoria o esquema corporal.
Cuando sufrimos una lesión, un dolor mantenido o una operación, nuestra forma de movernos puede cambiar. Muchas veces, de manera inconsciente, protegemos la zona afectada y hacemos que otras partes del cuerpo compensen ese movimiento.
Por ejemplo, podemos dejar de apoyar correctamente una pierna, limitar la movilidad de una articulación o sobrecargar determinados músculos.
Con el tiempo, estas adaptaciones pueden convertirse en nuestra nueva forma habitual de movernos.
¿Qué ocurre cuando volvemos a la actividad?
Aunque la lesión inicial haya mejorado, nuestro cuerpo puede seguir utilizando ese patrón de movimiento.
Por eso, simplemente esperar a que desaparezca el dolor no siempre es suficiente. Si no recuperamos la movilidad, la fuerza y la función, podemos mantener una forma de movernos que no sea adecuada y favorecer que aparezcan nuevas molestias o que la lesión se repita.
Recuperar una lesión es recuperar el movimiento.
Cuando una lesión está irritada, puede ser necesario reducir determinados movimientos o actividades. Sin embargo, la recuperación debe avanzar progresivamente hacia el movimiento.
El objetivo es ayudar al cuerpo a recuperar un patrón de movimiento correcto y conseguir que cada estructura vuelva a realizar su función de forma adecuada.
Para ello, podemos trabajar diferentes aspectos, desde el punto de vista físico:
- Movilidad articular: recuperar el máximo rango de movimiento posible.
- Fuerza muscular: conseguir que la musculatura pueda realizar correctamente su función.
- Articulaciones, ligamentos y tendones: favorecer su correcta función y adaptación a las cargas.
- Fascia: mejorar la movilidad y relación entre los diferentes tejidos.
- Circulación y drenaje linfático: favorecer la recuperación de los tejidos y el funcionamiento de la zona.
- Capacidad cardiovascular: recuperar progresivamente la resistencia necesaria para las actividades cotidianas y deportivas.
Todo ello forma parte de un mismo conjunto. El cuerpo no funciona por estructuras aisladas, sino que todas trabajan de manera coordinada.
No se trata de moverse más, sino de moverse mejor.
Recuperar una lesión no es solo eliminar el dolor. Cada persona y cada lesión necesitan un proceso diferente.
La clave está en recuperar progresivamente el movimiento adecuado, con la carga y la intensidad que cada momento requiere: Parar puede ser necesario para que una lesión se calme, pero recuperar el movimiento es fundamental para volver a funcionar correctamente.